Los Inicios del Colegio y sus Egresados

En 1826 se establecieron Cátedras de Filosofía y Jurisprudencia, de la que fueron egresados y profesores en esos tiempos poco después el doctor Vicente Borrero el doctor José Agustín Barona, el doctor Manuel Dolores Camacho, el doctor Manuel María Mallarino, Jorge Holguín, Carlos Holguín Eliseo Payán (Los cuatro expresidentes de Colombia) y algunos otros personajes de nuestra vallecaucanidad.

Sólo desde 1835 quedó la cátedra de Jurisprudencia en firme, porque ya tuvo el Colegio cómo erogar la mitad del gasto y el resto se comprometieron los padres de familia a sufragarlo.

En el año 1840 se pudo crear una segunda Cátedra de Jurisprudencia y además otra de Teología, que dictó el padre Cuero, hasta cuando pasó al obispado de Popayán.

Sería largo el recuento de alumnos de esos tiempos que después fueron hombres notables.

Aquí hicieron sus estudios hasta doctorarse Juan Bautista Feijoo, de Caloto, Avelino Escobar, futuro rector, Matías Fernández de Soto, Gonzalo Barona, después vicerrector y distinguido profesor de jurisprudencia, Juan Nepomuceno García.

El padre Basto, rector en 1840, estableció la cátedra de Teología Moral, que él dictaba, y pidió al cabildo que estableciera rentas para la de Química. Poco más tarde estudiaban teología en Santa Librada otro futuro jefe del poder ejecutivo nacional, Eliseo Payán, Federico Correa González y varios jóvenes más que siguieron la carrera del sacerdocio.

En 1843 se dio nuevo organización a Santa Librada, con cátedras de literatura, que comprendía Gramática Española y Latina, Retórica y Urbanidad; filosofía, que abarcaba lógica, metafísica, moral y religión, teología y ciencias físicas y matemáticas, que vinieron a ser una novedad entre nosotros. Estas eran dos clases: física, química, historia natural, mineralogía y agricultura, la una, y aritmética, álgebra, geometría elemental, analítica, descriptiva y práctica, mecánica, geografía, cronología e ingeniatura civil y militar.

No existía ya internado, que se intentó restablecer en 1850, ordenado la cámara construir refectorio y cocina. Tres años antes se había separado el Colegio la Escuela Pública de varones, que venía adscrita a él, y en cambio se subvencionó a las beatas de la Merced para que organizaran una escuela de niñas; ellas funcionaban desde 1823 en la Merced, que entonces dejó de pertenecer al Colegio, en virtud de permiso que en última instancia autorizó el Vicepresidente general Francisco de Paula Santander.

Recibieron el grado de doctores los estudiantes Manuel Antonio Orejuela, Juan Antonio Sánchez, Arístides Camacho Vernaza, Enrique G. Otoya y Gonzalo Córdoba. En fechas anteriores habrán terminado estudios y recibido el ansiado diploma otros estudiantes, de los cuales cito sólo uno que fue más tarde rector, Zenón Fabio Lemos al igual que Eustaquio Palacios; otros varios fueron a coronar estudios en Popayán o Bogotá. De éstos, Emigdio Palau y César Conto; Modesto Garcés y Juan Eleuterio Ulloa, que estudiaban matemáticas con Peña, Cadena y otros aventajados discípulos de los franceses, fue a terminar ingeniería en la capital nacional. De la segunda generación de educandos fueron, entre muchos, tres prominentes bugueños, que vistieron la beca en 1832: Luciano Rivera González, Mariano Ospina Lenis y Matías Fernández de Soto.

Habría mucho para mencionar, entre profesores y alumnos, ya que la lista de rectores es bastante conocida. Del régimen federal, fue sin duda el más insigne profesor de literatura el doctor Eustaquio Palacios, que duró diez años consecutivos de rector y tenía grandísimo afecto por el plantel. Lo demostró en julio de 1891, al abandonar estos claustros, donde dictaba todavía castellano, porque estaba ya acordado confiar los estudios a la comunidad de hermanos maristas.

El doctor Palacios salió muy conmovido y con los ojos húmedos. Los maristas cesaron al terminar la última guerra civil y volvieron los profesores laicos, al lado, naturalmente, de sacerdotes distinguidos por su ciencia y virtud. De estos, baste mencionar sólo dos: Uladislao González Concha y Daniel Guerrero. En la cátedra de español, el doctor Gonzalo Mejía.

En eso de profesores cabría recordar, por su precocidad, a José Vásquez Córdoba, que en 1880 dictó aritmética, teniendo apenas la edad de diez y seis años.

El colegio, que fue reorganizado en 1904 bajo la rectoría de don Manuel Carvajal Valencia, ha seguido de ordinario la trayectoria que le han dado los gobiernos de la Nación y del Departamento, por cuanto hace a recursos, o los respectivos superiores.